Todo el mundo debería ver la Torre Eiffel alguna vez.

Hoy Google nos despertaba con un doodle muy especial dedicado a la apertura de la Torre Eiffel al público. Todo el mundo conoce la torre, hayamos estado o no en París; fue construida con motivo de la Exposición Universal de 1889 y seguramente, quienes la diseñaron no imaginaron que su estructura de hierro iba a convertirse en todo un símbolo.

Me he puesto a recordar cómo fue mi primera vez delante de ese monumento tan especial. Hace unos años, decidí desconectar, entre otras cosas, y decidí marcharme a París y pasar unos días sola alejada de todo, lo necesitaba mucho, os diré que es la ciudad perfecta para perderse. Recuerdo que una de mis amigas me dijo “Pero por favor, cómo te vas a ir sola, qué horror, unas vacaciones sola, qué triste”, yo a eso lo llamo miedo pero  no me iba a parar a debatir con alguien algo así porque es subjetivo, hay muchas maneras de disfrutar, a veces estar acompañado por más de 20 personas te hace sentir muy sola, yo en cambio puedo decir que esos días conocí gente amable, personas con una conversación increíble, me sentí arropada por la ciudad, suena muy cursi pero si has estado en París, lo entenderás. Borré cualquier tópico sobre los parisinos y disfruté de cada cosa intensamente. Probad, a veces para seguir adelante en muchas cosas es necesario salir y volver a entrar, como cuando el router no va y desenchufas, esperas y vuelves a conectar.

Fue el primer día que estuve en la ciudad cuando visité la Torre Eiffel. Llevaba  horas caminando, viendo todo y me propuse llegar hasta los Campos de Marte para descansar y disfrutar de las vistas a la torre. Sin embargo, por un error, me perdí, estuve mucho tiempo caminando en sentido contrario, me senté en un banco a decir todas las palabrotas que podía y por un momento pensé “Dios, mi amiga, tenía razón”. Esa desesperación duró poco,¿cuánta gente se pierde? Mucha, pues oye vuelve a empezar, no pasa nada. Así lo hice, me paré en un café disfruté de un crepe y renovada de energías, me puse en camino. Y llegué, cuando iba caminado desde Victor Hugo, sabiendo que ya no estaba lejos, el corazón me iba latiendo muy rápido, pensaba que por fin iba a cumplir mi sueño e iba a ver la Torre Eiffel. Llegué y debo confesar, sin ninguna vergüenza, que se me saltaron las lágrimas de emoción, lo reconozco. No saqué mi cámara de fotos ni nada, fue como si se parase el tiempo, la torre y yo, punto. Fue un momento muy especial. Alguno pensará que acabo de soltar una cursilada,pues es mi cursilada y así lo viví. He podido volver otras veces, acompañada e igualmente lo disfrutado, pero la magia de ese primer momento es irrepetible. Hay que ir, todo el mundo debería ver la Torre Eiffel alguna vez.

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Foto: Miss Pope